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La era post-trabajo

Hoy que Google anuncia su coche que se conduce sólo, no queda más remedio que pensar en el reparto del trabajo y la renta básica.

Los coches que se conducen solos son simplemente siguiente ola de automatización del trabajo, y parece que van a llegar esta década y se generalizarán la siguiente. Ya tenemos una alta automatización en la agricultura y nadie se rasga las vestiduras, está asumido y ni pensamos en ello. Es a lo que nos dedicamos los ingenieros: a eliminar vuestros puestos de trabajo. Y deberíais agradecérnoslo porque ¿para qué trabajar si lo puede hacer una máquina? Va a ser el cataclismo para la industria automovilística, donde muchos fabricantes actuales probablemente entrarán finalmente en bancarrota por no llegar a tiempo y surgirán nuevos gigantes, quizás Google mismo.

La automatización permitirá que grandes empresas como Google (o el estado) puedan entrar en el mercado del transporte, tirarán para abajo los precios y los pequeños empresarios, taxistas y autónomos se irán a la bancarrota. Gracias a la automatización de la conducción se destruirán millones de puestos de trabajo de taxistas, de conductores de autobuses, de camiones. Habrá menos accidentes y se salvarán millones de vidas al año, habrá menos trabajo para las aseguradoras, autoescuelas e incluso para los hospitales. Habrá menos parkings, se gastará menos dinero en gasolina por atascos y los nuevos coches automáticos serán eléctricos.

Luego vendrá la automatización al sector de la construcción, la hostelería, en la medicina.. Nuestra sociedad no está preparada para esto, pero no le quedará más remedio. Ni el trabajo ni los coches manuales desaparecerán, desde luego, igual que con el peak oil la gasolina no desaparecerá: pero se convierte en un bien preciado y cada vez más reducido. Lo que hace falta es construir una sociedad donde no tener trabajo no sea una tragedia (para ello, garantizar una Renta Básica Universal) y donde se reduzca la jornada laboral para repartir el trabajo, de manera que haya una sana competencia y no un puesto de trabajo por cada 10 trabajadores, donde hay una carrera hacia el fondo.

Esas son las principales medidas que se me ocurren ahora mismo para que no nos convirtamos en meros esclavos, pero seguramente surjan otras que puedan ser incluso mejores en el futuro. Nos acercamos a la “era post-trabajo”.

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Anonymous y The Pirate Bay promocionan a los Partidos Pirata para el Parlamento Europeo

En un impulso de visibilidad esta última semana de campaña, Anonymous y The Pirate Bay están promocionando a los partidos piratas europeos para esta elecciones al Parlamento Europeo. Mientras que anonymous lo ha twiteado desde su cuenta con más seguidores, The Pirate Bay proporciona un doodle personalizado para cada país que se presenta a las europeas. Es el apoyo de Anonymous y The Pirate Bay a un movimiento global del que forman parte.

A la Confederación Pirata no nos menciona ni el tato estas elecciones. Sólo hemos salido en el telediario de la Sexta cuando anunciamos la iniciativa de quiensoy.org y en algunos programas locales. Ninguna encuesta nos da un escaño, y en la mayoría de las encuestas ni se dignan a meternos como opción a elegir.

Pero para quien lo dude, los piratas también nos presentamos a las elecciones en España y en Europa, con un programa consensuado paneuropeo (ya quisieran poder decir eso los otros partidos) y vamos a pelear nuestro escaño. No abogamos por el voto útil, no contamos con líderes mesiánicos salvadores (es lo que tiene ser horizontales) ni con maletines cargados de dinero para financiar nuestras campañas (es lo que tiene ir contra el status-quo). Casi no salimos ni en los medios alternativos, porque es más fácil apoyar al líder mediático de turno. Somos más “15M” que esos nuevos partidos de líderes mediáticos y sufrimos las consecuencias.

No nos va la vida en sacar un escaño porque no somos un partido nacido para unas elecciones concretas. Aspiramos a algo más que eso. Somos gente seria y trabajadora. Hormiguitas de la democracia, que es nuestro método y fiel compañera. Fieles a nuestros principios, desde que nació el movimiento pirata en 2006 hemos venido para quedarnos luchando con la gente.

Tenemos ya dos eurodiputados piratas y aspiramos a multiplicar ese número estas elecciones. Estamos en la última semana de campaña, y ahora la cuenta de Anonymous con más seguidores (más de un millón) twitea apoyando nuestras candidaturas:

Además de esto, The Pirate Bay está mostrando su apoyo a las candidaturas de cada partido pirata que se presenta a las elecciones al Parlamento Europeo este fin de semana, como podéis ver en su web, donde sale la promoción en nuestro caso a la Confederación Pirata:

No es casual este apoyo de Anonymous y The Pirate Bay, así como otros movimientos de Internet, porque los piratas somos el movimiento político organizado a nivel internacional (con presencia en más de 60 países) que más y mejor ha defendido a los ciudadanos conectados, y a los que quedan por conectarse.  Es el apoyo de Anonymous y The Pirate Bay a un movimiento global del que forman parte.

Así que estas elecciones no te quedas en casa. Acúerdate de Julian Assange y Snowden pidiendo la transparencia radical que practicamos los piratas. De esa mugre corrupta que esconde la alfombra roja de los Borbones. Acuérdate de todos esos torrents que descargaste estos últimos cuatro años. De ese Internet neutral que usan tus hijos para entrar en la Wikipedia. Acuérdate de esa democracia real que no tenemos y tanto queremos. Piensa en tu futuro, mueve tu cucú, hazte un favor y vota a la Confederación Pirata, por coherencia, ya que te estarás votando a tí mismo.

Rick Falkvinge tiene en su blog más información sobre la campaña de los piratas en The Pirate Bay.

La abstención perpetúa el bipartidismo

La época dorada del bipartidismo parece haber acabado, y sin embargo pese a que los grandes partidos pierden millones de votantes en intención de voto, siguen copando un porcentaje de voto demasiado alto en los resultados ¿cómo puede ser? se preguntarán muchos. Las matemáticas no mienten, como veremos: en un escenario bipartidista, un partido puede perder el 50% de sus votos y sólo bajar del 52% al 50% de escaños. Aun más: veremos que puedes perder votos y ganar escaños, tranquilamente, y que es un escenario muy real: es lo que le pasaría hoy al PSOE si se hiciesen unas elecciones generales.

Supongamos unas elecciones inventadas, donde el Partido Azul saca 1000 votos, el Partido Rojo saca 800 votos, y el Partido Verde obtiene 100 votos. En total, son 1900 votos, y el reparto queda así:

Partido Número de votos Porcentaje de voto
Partido Azul 1000 votos 52.63% votos
Partido Rojo 800 votos 42.10% votos
Partido Verde 100 votos 5.26% votos

Como veis, es una situación donde reina el bipartidismo, como antaño en España. Ahora imaginemos que la gente deja de votar en masa a los dos grandes partidos, pero en vez de cambiar el sentido del voto, simplemente se cabrean y se quedan en casa; es decir, no votan. Pongamos que por ejemplo el Partido Azul recibe la mitad de votos (500 votos), y el Partido Rojo también (400 votos), pero el Partido Verde se mantiene (100 votos). ¿qué pasará? Aquí tenéis los resultados:

Partido Número de votos Porcentaje de voto
Partido Azul 500 votos 50.00% votos
Partido Rojo 400 votos 40.00% votos
Partido Verde 100 votos 10.00% votos

Resulta sorprendente: pese a perder la mitad de su masa de votantes, el Partido Azul sólo pasa de tener el 52.63% de los votos al 50%, y el Partido Rojo también pasa sólo del 42.10% al 40%. Ambos siguen siendo los partidos mayoritarios por goleada. El Partido Verde multiplica casi por dos el porcentaje de votos, aunque sigue siendo claramente minoritario.

Si estas fuesen elecciones al Congreso, significaría que a lo mejor el Partido Azul, pese a perder el 50% de sus votantes, pasaría de 182 a 175 escaños, es decir sólo perdería un 3% de sus escaños. Creo que esto deja bastante claro porqué la abstención es nociva.

Este caso que he puesto además se asemeja en gran medida a la realidad actual española. El Partido Popular consiguió 10.8 millones de votos en las elecciones generales de 2011, pero según encuestas recientes, perdería más de 4 millones de votos. Según ese artículo, al PSOE le pasaría lo mismo, pero como pierde menos votos que el PP, conseguiría a día de hoy más escaños que en 2011 incluso perdiendo varios millones de votos ¿mola eh?

Todo esto se explica de forma sencilla: a la hora de la verdad, la abstención no cuenta. El número de votos que hayas perdido o ganado es irrelevante. Lo que realmente importa es cuantos votos tienes con respecto al resto, o, en otras palabras: lo que cuenta es el porcentaje de voto. Que la abstención es irrelevante se demostró en las elecciones generales de Jamaica en 1983, donde la oposición protestó generando un 97,3% de abstención. Como era de esperar, de nada sirvió: el entonces ya primer ministro consiguió holgadamente ser reelegido, consiguiendo el 100% de los escaños.

Como ejercicio, pongamos ahora que en vez de abstenerse, todos los votos que pierden el Partido Azul o el Partido Rojo van a parar al Partido Verde (podrían ir a parar a un cuarto partido minoritario o de nueva creación, pero tanto da). ¿cuál sería el resultado?

Partido Número de votos Porcentaje de voto
Partido Azul 500 votos 26.32% votos
Partido Rojo 400 votos 21.05% votos
Partido Verde 1000 votos 52.63% votos

El resultado como podemos ver es que el Partido Azul, al perder la mitad de sus votantes, pierde la mitad de sus escaños (pasa de tener el 52.64% a tener el 26.32%), y al partido Rojo le pasa lo mismo (del 42.10% al 21.05%). Es decir, la pérdida de votantes se traduce de forma proporcional en pérdida de escaños/porcentaje de voto, lo cual es lógico y deseable. Por otra parte, el Partido Verde pasa a ser el partido mayoritario, multiplicando por 10 su base de votantes y también por 10 su porcentaje de votos.

Es decir, cuando el número total de votos no varía (sigue sumando 1900), no se producen aberraciones y las variaciones en número de votos a cada partido se traduce de forma proporcional y por igual en variaciones en porcentaje de votos sobre el total, que es lo que se utiliza para calcular el número de escaños en un parlamento. Y por eso, estas elecciones europeas, votes a quien votes, por favor, vota.

A favor de incumplir el programa electoral

Acabo de llegar de un interesante debate entre los 4 candidatos a las primarias europeas de EQUO. No tuve oportunidad de alimentar el debate allí, así que lo hago desde este humilde blog, y así así aprovecho para dejarlo escrito.

Así que la hostia primero y luego ya la explicación: yo soy un firme defensor de poder incumplir el programa electoral. Y no lo digo cínicamente, sino con toda honestidad. No se me lancen a la yugular todavía, que les voy a poner un ejemplo. Creo que en Gamonal el PP hizo bien al incumplir su programa electoral, puesto que es lo que pedía la ciudadanía. También creo que lo que Gamonal ha demostrado es la gran falta de mecanismos democráticos en las instituciones y en los partidos para rectificar ¡Rectificar es de sabios! ¿somos sabios?

Necesitamos democracia pata negra

Para ganar hay que cambiar las reglas del juego. Tenemos elecciones cada cuatro años, y el programa tradicionalmente se hace para unas elecciones y va a misa. Pero yo no quiero un programa electoral que vaya a misa. No tienes sentido decir “democracia no es votar cada cuatro años”, pero luego hacer eso mismo con el programa electoral.

Muchos me dirán que es muy difícil de vender unas siglas en unas elecciones diciendo “este es nuestro programa, pero igual no lo cumplo”. Nadie dijo que hacer política de forma honesta sea fácil. Ahora que viene el periodo electoral es el momento de la verdad. Habrá que explicarse mejor: “ojo que sólo lo dejaré de cumplir el programa si vosotros así lo decidís”, y habrá que poner ejemplos como Gamonal para que la gente nos entienda. Y es con cosas como esta que se demuestra qué partidos son diferentes de verdad y cuales lo son sólo de boquilla.

¿Ya os deja de sonar tan raro lo que digo no? Quiero recalcar que por todo lo anterior, me han gustado especialmente las palabras finales de @reyesmontiel en el debate, que frente a otros candidatos que hablaban de que “tenemos un programa muy completo”, ella matizaba que hay que escuchar a la ciudadanía, que hay que abrirse a gente de fuera del proyecto verde, que hay que construir juntos.

El proceso democrático debe poder continuar más allá de las elecciones. Por supuesto, esos mecanismos que al principio decía que faltan en partidos e instituciones deberían mencionarse también en el programa; es decir, necesitamos un programa que contemple ser incumplido. Y así, si lo incumples mediante los cauces establecidos realmente no lo estás incumpliendo ¿mola eh? ¿es o no un cambio de sistema? los medios informativos se van a volver locos, pero simplemente se trata de ser razonables.

Porque por supuesto que el programa debe ser algo razonable. Podría, por ejemplo, haber un proceso de recogida de apoyos para iniciativas, y si una iniciativa tiene suficiente apoyo se hace una votación vinculante. Tanto la recogida de firmas como el “referéndum” podrían tener cuotas mínimas de participación. Porque tampoco es plan que lo que votaron 1 millón de personas lo rectifiquen 200, supongo yo. Lo importante es tener mecanismos democráticos, claros y efectivos. Un buen reglamento de participación, ya me lo habéis escuchado muchos decir en la Confederación Pirata. Necesitamos formas democráticas claras no sólo de rectificar, sino de decidir nuevas cosas. Porque eso también es transparencia, rendición de cuentas, democracia pata negra.

El oscuro mundo tecnológico

Reproduzco aquí un comentario que he puesto en la noticia de meneame “Perdiendo el tren“, que enlaza a un artículo de Enrique Dans sobre la profunda ignorancia de las nuevas generaciones sobre la tecnología, negando el mito de “nativo digital”:

Decía el bueno de Arthur. C. Clarke que “cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. La biología por ejemplo es una caja negra mágica extremadamente compleja ¿cómo funciona un ser pluricelular? ¿cómo funciona la física cuántica? Da igual, es magia, funciona. Así ha sido siempre no sólo para el ser humano, sino más aun para el resto de los seres vivos.

Los humanos somos de los pocos seres vivos que podemos llegar a comprender parte de la complejidad del mundo en que vivimos a mayor detalle, y con la tecnología crear aun una mayor complejidad, como es el caso de la informática tanto en software como en hardware. Pero como decía otro de los grandes, Einstein: “Todos somos unos ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”.

Andamos en la oscuridad, cada cual con una pequeña vela que ilumina nuestro conocimiento. Somos afortunados por dominar el fuego; y debemos mantener la llama de la razón encendida, en el oscuro mundo tecnológico, porque la oscuridad apaga la razón y enciende el pensamiento mágico.

Llamamiento a la neolengua: delegación implícita, la mal llamada abstención

Hoy he leído un artículo bastante interesante (y bien documentado con referencias, he de añadir) en El Diario titulado “¿Qué significado político tiene que sólo el 10% de las personas integrantes de una red participen?” cuya lectura recomiendo.

Como demócrata, lo que me interesa es la representatividad, y que en una decisión participe la mayor cantidad de gente posible. Pero en un ámbito de votaciones más frecuentes, en una democracia más directa, esto es simplemente poco realista. La sociedad está acostumbrada por ejemplo a votar en periodos electorales concretos, y los partidos políticos lo tienen muy difícil cuando intentan movilizar a su electorado fuera de estos momentos.

Cuando sólo el 10% de la gente participa, o cuando incluso en unas elecciones generales sólo un ~50% participaría según las encuestas, la pregunta que plantea dicho artículo es ¿qué significa? No sabemos por qué razón no participa la gente. Podemos elucubrar largo y tendido, pero no dejan de ser cábalas sin fundamentos legítimamente demostrables. Pero una cosa creo que es segura: toda esa gente que no participa, está delegando implícitamente en quienes sí participan – y de forma proporcional a los que sí participan.

Esta delegación implícita es, creo, muy importante. La gente no suele comprender su relevancia. Más allá de las razones de porqué la gente no participó en un proceso democrático, la consecuencia clara es que la voz que cuenta es la que se hace oir. Como dice el dicho: quien no llora, no mama. Esto es un gran problema al que hay que llamar la atención: por poner un ejemplo el partido PPSOE quizás tenga un 60% de los votos emitidos, pero la simpatía a este partido respecto de todos los electores puede ser diferente en proporción. Además, cuanto más abstención delegación implícita exista, mayor puede ser la diferencia. Debido a este sesgo de participación, hay partidos que movilizan más a sus simpatizantes que otros, y por eso en Eslovaquia puede ganar el poder un fascista, gracias a un 75% de delegación implícita, sin que necesariamente la sociedad apoye mayoritariamente a ese fascista.

Por todo esto y con el objetivo de visibilizar el verdadero significado de la abstención, desde este humilde blog hago un llamamiento para desterrar el uso de la palabra abstención y reemplazarla por delegación implícita. Es un llamamiento a la neolengua, sí, a la batalla del lenguaje que vamos perdiendo, y una propuesta creo que justa y adecuada. El fascismo asoma en Europa, y creo que necesitamos un lenguaje realmente más explícito en significado, que responda más directamente a preguntas como las planteadas en el artículo de El Diario (¿qué significado tiene que sólo el 10% participe?).

Otra lectura que tiene todo esto es que cuando los electores confían en que se van a sentir representados por aquellos que sí participan, sienten menor necesidad de participar y aumenta la delegación implícita. Esa lectura a veces ocurre cuando se plantean por ejemplo plebiscitos internos en un partido que por su ideología está claro cual va a ser el resultado. Y esto a veces es peligroso porque se concentra el poder, porque al final participa poca gente y los que lo hacen terminan quemándose muchas veces. Además, a veces los políticos también realizan esta lectura de forma interesada, como cuando Rajoy agradecía a todos aquellos que NO fueron a cierta manifestación, sosteniendo básicamente que confiaban implícitamente en las políticas de su gobierno. Nótese también que ahí hay una sutil pero importante diferencia entre la consecuencia, que es que la abstención implica una delegación implícita, y la lectura política de las razones que hay detrás de la abstención, que son elucubraciones. Las razones políticas de cada abstención sólo las sabe el abstencionista. La consecuencia práctica, que la abstención es equivalente a una delegación implícita, la puede extrapolar cualquiera.

Y es para evitar los peligros que esto conlleva, que como demócrata, lo que me interesa es la representatividad.  Me interesa que en una decisión participe la mayor cantidad de gente posible. Como soy práctico y realista, sé que al final en una democracia más directa y recurrente, la gente va a participar cada vez menos, y no quiero tener que enfrentarme a lecturas políticas de la delegación implícita. Por ello, mi punto de vista es que hay que aprovechar aquellos breves momentos en los que el electorado se moviliza (como por ejemplo elecciones generales), para establecer delegaciones explícitas.

De hecho, elegir a un representante al congreso, o escoger tus candidatos para unas primarias, son ambos casos de delegación explícita. Lo interesante es que sea líquida, revocable y cambiable, para controlar la formación de oligarquías y mantener la representatividad. Y aun digo más: la experiencia en partidos tradicionales como el PSOE o IU me ha formado una opinión en contra la delegación transitiva (delegados de delegados de delegados), y más a favor de la horizontalidad que proporciona la delegación múltiple, donde puedes escoger un delegado y varios suplentes en orden de preferencia. Delegación sí, pero limitada, con fecha de caducidad y no válida para algunas cuestiones como por ejemplo para cambiar el sistema de voto o para elegir delegados/representantes. Necesitamos un sistema de “check & balances”.

Por último, debo precisar que cuando hablo de participación y de delegación explícita o implícita, yo no pienso (sólo) en votar. Es mucho más que eso: escribir propuestas, debatir en listas o mesas redondas, ir a manifestaciones, recoger firmas, organizar eventos, donar a a organizaciones.. hay muchas formas de participar, y por cada una de ellas hay como mínimo una forma de delegar implícitamente, que es no participar. Las formas de delegar explícitamente son más reducidas, y por ahora creo que sólo tiene sentido para votaciones y quizás también para firmas. De cualquier forma, y con el objetivo de reducir el sesgo de participación, recuerda: si no te gusta cómo funciona algo, no te quejes. Participa y arréglalo tú. La democracia cuesta trabajo, y empieza por ti.

Sobre la Renta Básica Universal

Vivimos en una sociedad donde cada vez hay menos trabajo pero si no tienes trabajo y eres pobre te mueres de hambre. Gente como Bertrand Rusell en su “Elogio a la Ociosidad” ya indicaba que podríamos perfectamente mantener la sociedad con una jornada laboral de 4 horas. Eso era en 1930, con mucha menos automatización que ahora. También de 1930, el influyente economista liberal John Maynard Keynes predijo que para comienzos del este siglo la jornada laboral sería de tan solo 3 horas diarias.

El problema es que el poder sigue concentrándose, y la clase media va desapareciendo. El estado del bienestar ha sido estable durado unas pocas décadas doradas nada más. Ahora mismo hay gente que no trabaja nada y no tiene apenas ingresos, y por contra gente que trabaja mucho. Esto tiene mucha lógica bajo la ley de la oferta y la demanda: hay muchos desempleados a repartir entre cada vez menos puestos de trabajo, por lo que los empresarios tienen mucho donde elegir, y los trabajadores por tanto tienen que apechugar con condiciones laborales y salariales cada vez peores; por cada oferta de trabajo en según qué sector hay miles de candidatos.

Los ingenieros guardamos un secreto a voces: nuestro trabajo es eliminar el tuyo, automatizándolo. Y se nos da bien. Este siglo, los taxis o camiones se conducirán solos. Las casas quizás se impriman dándole a un botón. Podría argumentarse por ejemplo que cualquiera podremos lanzar nuestra compañía de taxis o equivalente, pero lo cierto es que no: aquellos con capacidad para comprar una gran flota de taxis podrán hacer economía de escala, tirar abajo los precios, haciendo de lobby para protegerse de los pequeños empresarios, y sacarlos del mercado. Exactamente igual que está pasando con las eléctricas.

Queda claro que gran parte de los puestos de trabajo están en peligro de automatización, y que tal como está montado el sistema, esto va a generar mucho sufrimiento. La forma más directa para mitigar todo eso podría ser la instauración de una Renta Básica Universal (RBU). Pero tampoco sabemos a ciencia cierta cuales serían las repercusiones. Porque de hecho es muy parecido a aplicar el ejemplo de danigm a nivel de todo un estado: si todo el mundo recibe una RBU que les da para mantener su nivel de vida ¿para qué trabajar? Pero entonces inmediatamente surgen necesidades que simplemente no se cubren. Como los ricos no quieren trabajar, los que se molesten en trabajar lo harán por mucho dinero. En otras palabras:  hay una depreciación de una moneda/inflación, antes el pan valía 1€ y ahora igual vale 10€. De repente la gente ya no es tan rica. La intuición indica que la situación termina estabilizándose en ese aspecto, pero que no es lo mismo comenzar con 400€ que con 4000€ mensuales de RBU. Otra cosa es pensar de donde sacamos el dinero, pero aquí la noción es clara: de quien lo tenga.

Con la RBU se pretende buscar un equilibrio: cubrir las necesidades más básicas pero no evitar que la gente trabaje si quiere algo más. Asegurar una vida digna y conseguir que la gente no tenga que apechugar con condiciones laborales draconianas, sin por ello paralizar todo el tejido productivo. La RBU actuaría como un mecanismo básico de balance contra la tendencia también básica del dinero (y el poder) a concentrarse.

No es una solución mágica. De hecho los que en Suiza andan propugnando la RBU tienen miedo de que se use como excusa para destruir lo poco que queda del estado bajo el argumento: “¿para qué queremos sanidad, educación (o bomberos, policía) pública? que los ciudadanos paguen con el dinero de la RBU a la empresa que mejor crean que les de ese servicio”. El mundo es complicado.