Esperanza, resiliencia: el enemigo somos nosotros

Algo funciona mal en esta sociedad, cuando producimos el doble de comida de la necesaria, pero a pesar de ello millones de personas se mueren de hambre. Algo funciona mal en esta sociedad, cuando la tecnología elimina puestos de trabajo y eso provoca hambre y miseria, cuando la tecnología provoca problemas en vez de ofrecer soluciones.

Y no es que los ordenadores maten, ni que comida produzca hambre. Somos nosotros, los seres humanos quienes producimos esa paradoja. No hay que temer al avance tecnológico, porque es matar al mensajero. En la época que vivimos, la sociedad, la ética y la política simplemente avanzan la mayor parte del tiempo más lentamente que la tecnología. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y es por tanto nuestra irresponsabilidad como sociedad la que da pie a la tragedia.

El mal existe, y es por ello que podemos distinguir el bien del mal. Pero la mayoría de personas en general se consideran buenas, o por lo menos bien intencionadas. El camino del infierno, sin embargo, está empedrado de buenas intenciones, dice el refrán. Y no de buenas acciones. ¿Por qué existe el mal? ¿Por qué perdura?

Hemos creado un cerebro colectivo. No existe una sóla persona que sepa crear desde cero el lápiz que tengo sobre mi mesa, ni mucho menos el ordenador con el que escribo. Y sin embargo, sendos artilugios existen. Eso significa que somos una sociedad organizada, compartimentada. Creamos estructuras sociales, conectadas unas con otras, cada una con unos objetivos concretos y una idiosincracia propia. Como pequeñas células de un ser vivo complejo.

La ley de hierro de la oligarquía establece que cuanto más grande se hace una organización, más tiende a su burocratización, y esto genera poder y el poder corrompe y tiende a perpetuarse de forma oligárquica. Pero aun hay más: esta tendencia no es fruto del mal, sino subproducto de la necesidad. Cuando una organización aumenta en tamaño, tomar decisiones de forma rápida suele requerir tener personas dedicadas a ello, lo que genera poder. También requiere optimizar procesos costosos en tiempo o dinero, lo cual genera burocracia, que también genera poder. Esta acumulación de poder, esta oligarquización surge por tanto no de forma deseada, y ocurre paradójicamente incluso en organizaciones que promueven un ideario democrático, igualitario o antioligárquico. El ser humano es social y grupal por naturaleza. Los que están en el poder tienden a rodearse de gente que no le contradice, gente que piensa o parezca que piensa igual, gente que continúe su legado. Eso genera estabilidad, continuidad, corrupución, perpetuidad y oligarquía.

Todo aspecto en la vida tiene ventajas e inconvenientes. Cuando una organización crece, fruto no de la maldad sino de la pura necesidad se tiende de forma natural a la concentración del poder y la oligarquía en mayor o menor medida. Se puede intentar aplicar contramedidas, pero subir el agua corriente arriba en un río no es algo que sea fácil de conseguir. Algunos podrían pensar que la creación de pequeños grupos internamente democráticos puede aliviar el problema y puede que tengan parte de razón, pero también es una huida hacia delante: esos grupos terminan organizándose entre ellos mediante asociaciones de diferentes tipos, y esto supone de nuevo concentración de poder, burocracia y oligarquía.

Como hemos visto, somos una sociedad donde tecnológicamente hemos conseguido hacer cosas que ningún hombre puede hacer, lo cual denota que nos hemos organizado, y organización ya vemos que termina significando concentración de poder y oligarquía. Esto tiene indudablemente su lado bueno positivo para la sociedad, pero tampoco debería de sorprendernos conocer sus partes negativas.

Todo esto no significa que debamos de claudicar ante los males de la sociedad. Todo lo contrario, debemos de conocer realmente su naturaleza, su proceder y su explicación, pues sin conocimiento de causa sólo sabremos dar palos de ciego y desistir rápidamente. No conozco sociedades perfectas, pero sí sociedad mejores que otras en unos u otros aspectos. La organización social avanza lentamente, pero a lo largo del tiempo el ser humano ha conseguido la abolición de la esclavitud, aumentar la democracia, la libertad de expresión, la esperanza de vida, el bien estar social en general. Comparemos nuestras vidas con las de un esclavo en un circo romano: sí, hemos mejorado. Sí, también tenemos mucho camino por andar.

2 Responses to “Esperanza, resiliencia: el enemigo somos nosotros”


  1. 1 virako marzo 1, 2013 a las 7:54 pm

    Cuando la gente dice que la máquinas quitan puestos de trabajo, suelo decir que piensan mal, siempre pienso que si una máquina hace el trabajo de 20 personas, no hay que echar a esas 20 personas, tienes que tener a esas 20 personas trabajando menos tiempo, así tenemos más tiempo libre y todos somos felices.

    Podríamos llegar a un futuro donde las máquinas hagan el trabajo que nadie quiere hacer y nosotros tengamos todo el tiempo del mundo para disfrutar y hacer lo que nos gusta.


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